Los conservantes y tu salud

Hace ya tiempo, el hombre se dio cuenta de que los animales que morían sobre una salina, tardaban mucho en pudrirse. Por asociación, pensaron que si tomaban sal de aquella salina y cubrían con ella la carne, se conservaría durante más tiempo. Estaba naciendo el uso (aún no el abuso) de los conservantes alimentarios.

Hoy en día, todos y cada uno de ustedes habrán oído hablar de los conservantes, más que por sus características bioquímicas, por la ya famosa expresión “sin conservantes ni aditivos”. Efectivamente, existe una fiebre global por la alimentación mal llamada “natural”, que supone como primera premisa, huir de lo “artificial”. Deben saber que ni todos los conservantes son “artificiales”, ni todos malos. Existen (y han existido siempre) conservantes como la mencionada sal, ciertos aceites, el vinagre y algunas especias, que han conseguido que escapemos a la acción de microorganismos patógenos como bacterias, levaduras y hongos, que pueden formarse en nuestros alimentos cuando comienza su descomposición, y que pueden producir graves enfermedades, incluso la muerte.
El problema es que ahora, con la globalización y la aparición de las grandes compañías de alimentación, los conservantes no se usan solo para producirle salud a usted, sino más bien para producirle salud (financiera) a dichas empresas.
Llegados a ese punto, un conservante puede convertirse en la clave de la comercialización efectiva de un determinado alimento de consumo masivo, y una vez llegados a ese punto, o demuestra ser extremadamente nocivo, o va a costar tiempo, dinero, y decenas de investigaciones revisadas por pares y publicadas en revistas de impacto para retirarlo.
Cierto es que la legislación obliga a estudiar un aditivo, como cualquier colorante o conservante, antes de permitir lanzarlo al mercado, así que sabemos que casi con seguridad, ese conservante, administrado por si solo, no nos va a dañar (al menos a corto plazo). Pero me surge una duda… ¿Quién controla las consecuencias para la salud de la mezcla de decenas de ellos? Todos al comer, mezclamos alimentos. Si comemos alimentos procesados, además de nutrientes, mezclamos aditivos. Igual que hay fármacos seguros si se suministran solos, que se tornan peligrosos cuando se administran junto a ciertos otros (incluso junto a ciertos alimentos), es lógico pensar que con los llamados conservantes “químicos” o artificiales, pueda ocurrir lo mismo. Existiendo infinitas combinaciones entre ellos, dependiendo de la elección alimentaria de cada cual… ¿Es posible controlar los efectos? La respuesta es tan clara como corta: NO. Peligro
Con esto no quiero decir que haya que huir de los conservantes como si fueran un veneno letal, pero sí que es más cauteloso tomar los menos posibles, y tratar de elegir alimentos que no contengan aquellos que están en el “punto de mira”.
Aquí les dejo una serie de ejemplos para que conozcan los más controvertidos, y cuando vayan a hacer la compra, puedan buscarlos en la etiqueta del producto y tener criterio a la hora de huir de alguno de ellos:
– Nitratos y nitritos: Se usan en los productos cárnicos, como salchichas, hamburguesas o embutidos, y está científicamente comprobado que su abuso oxida la hemoglobina y afecta a los glóbulos rojos, impidiendo la llegada de oxígeno a las células. Además, pueden transformarse en nitrosaminas, potencialmente cancerígenas. Sepa también que están especialmente contraindicados en individuos que tomen Viagra®, por lo que si va a tener una velada con final feliz, mejor no tome jamón en la cena y cámbielo por unas verduras a la plancha, o su final podría no ser tan feliz.
– Sulfitos: Se utilizan en la elaboración y conservación de algunos vinos y mostos, y en ciertas personas pueden causar reacciones alérgicas, picores, diarrea, vómitos y fuertes dolores de cabeza. Igual que los efectos secundarios de los fármacos, no quiere decir que a todo el mundo le vaya a ocurrir. Hay millares de felices consumidores de vino. Pero si ve que le produce alguno de estos efectos cambie de marca, o mejor aún, de bebida.
– Acido benzoico y benzoatos: Búsquelos en conservas de marisco, refrescos, jugos, mermeladas y yogures. Pueden producir trastornos neurológicos si se combinas con sulfitos, y asma si se combina con ciertos colorantes. Un ejemplo de los efectos mencionados anteriormente que pueden surgir a la hora de mezclar varios aditivos alimentarios.
– Difenilo y derivados: Se usa para embellecer el aspecto exterior de algunas frutas, como los cítricos o los plátanos. Lo malo es que penetran en ella, y no se pueden eliminar con el lavado. En exceso, pueden producir irritación en nariz y ojos, y empeorar enfermedades renales y hepáticas. Siempre ha sido sano consumir la piel de la fruta. Hoy día, mejor desecharla.
En general, no todo en los conservantes son aspectos negativos. Gracias a ellos encontramos toda esa variedad de alimentos en el supermercado. Los nitratos y nitritos por ejemplo, aun pudiendo tener las consecuencias descritas anteriormente, pueden librarle del botulismo, una enfermedad potencialmente mortal que afectaba a personas que hacían sus propias conservas caseras. Quizá una elección inteligente si no se pueden evitar, sea contrarrestar sus efectos. La naturaleza es sabia, por ello en alimentos como las espinacas, que suelen contener tanto nitratos como nitritos de forma natural, solemos encontrar también vitamina C, que contrarresta sus efectos negativos. Por tanto si va a tomar jamón, hágalo junto a una naranjada recién exprimida y tendrá mejores perspectivas de salud.
Por último recuerde que en Nutrición nada es inmensamente bueno ni inmensamente malo, la clave está en el equilibrio, y ese es el que debemos buscar a toda costa. No olvide que usted será mañana, lo que coma el día de hoy.

Autor:  Dr. Guillermo Rodríguez Navarrete.

foto: ©Andi.es-fotolia.com

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