Fue en 1954 cuando Linus Carl Pauling recibió el Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre los enlaces bioquímicos. Unos años más tarde comenzó investigaciones sobre la toma de vitamina C relacionada con cierto tipo de enfermedades, sobretodo vasculares. Realizó numerosas pruebas relacionadas con el aporte de vitamina C, y concluyó que su intervención en  el colágeno presente en los vasos sanguíneos arteriales juega un papel importante en enfermedades coronarias.

Los seres humanos debemos aportar vitamina C con los alimentos, porque al contrario que la mayoría de animales, no segregamos esta sustancia, que nos resulta vital para mantener un estado de salud adecuado.

Sus trabajos sobre la vitamina C están relacionados no sólo con enfermedades coronarias, sino también con cáncer.

Este nutriente esencial es considerado por algunos como uno de los mejores antienvejecimiento.

¿Por qué es tan importante la vitamina C?

Si estás haciéndote esta pregunta, sigue leyendo los múltiples beneficios de un aporte adecuado de vitamina C o ácido ascórbico, además de evitar la enfermedad carencial llamada escorbuto.

– Ayuda en la formación de colágeno de los huesos, cartílagos, vasos sanguíneos y músculos.

– Interviene en la absorción del hierro.

– Reduce la “inflamación silenciosa”.

– Estimula la liberación de interferon.

– Protege a las vitaminas liposolubles A, E y ácidos grasos del proceso de oxidación.

– Inhibe la producción de radicales libres.

– Ayuda en la prevención del cáncer.

Y ahora…después de saber todo lo que hace la vitamina C ¿cuáles son los alimentos que contienen vitamina C?

La vitamina C está presente en todos estos alimentos:

Pimiento rojo, brócoli, tomates, naranjas, coles de bruselas, kiwi, limones, espinacas, fresas, melón, pimiento verde.

Tan importante es saber cuál es el alimento que aportará vitamina C como su forma de cocinarlo. Para obtener  la mayor aportación de esta sustancia orgánica lo mejor es comer los alimentos crudos, pero si esto no es posible podemos realizar una cocción que no supere los 100ºC, ya que sino podríamos correr el riesgo de no estar dando el aporte que queremos. Evitaremos freír los alimentos y ponerlos en el horno con temperaturas muy elevadas.

foto: ©Pavel-fotolia

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